40.- XIX
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46.- Nuestro pueblo toma el color de la luna
Lo
recuerdo: en mi infancia
nuestro
pueblo toma el color de la luna.
Al
despertar,
se
echaba una silla a las espaldas
para
que el sol pudiera sentarse.
Le llamaban loco
porque cada día sacaba
a la puerta de su casa para sentarse al
sol
dos sillas: una para él
y otra para el sol,
y esperaba, hasta que las sombras de la
tarde
alargaban las figuras
y terminaban borrando las sombras;
nunca confesó a nadie que lo que buscaba
era
otra sombra amiga;
como un viejo Orfeo recorría el mundo
oscuro,
descendía a los infiernos:
invisible a los ojos de los hombres
soplaba con furia
de vez en cuando en su vieja armónica
algunos juraban haberle visto
vagar por el bosque
embebido en los claros de luna
y bailar y bailar
como un loco, un derviche,
hasta caer exhausto;
tras el delirio
resucitaba de nuevo,
a la puerta de su casa
cada día
Mariano Ibeas
08/06/2010
10:42 MARIANO
IBEAS #. TREINTA Y OCHO GLOSAS

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